Una visión psicosocial del conflicto bélico.

Desmalvinizar, hasta el suicidio…

En Paraná, un atrapante estudio psicosocial indagó en los efectos negativos de la guerra sobre los combatientes.

Sentirse un héroe y un paria a la vez, guerrero e inútil a la vez. Callarse la boca durante décadas por órdenes de arriba, o por la convicción de que el interlocutor no sabrá comprender las miserias de la guerra. Saber que allá en las islas sus amigos murieron en sus brazos, por la patria, y que ese gesto maravilloso de entrega se pagó aquí en el continente con indiferencia, olvido y tergiversación.

Son algunas de las paradojas con las que conviven los veteranos de guerra argentinos, y en ellas se mete la paranaense Rosana Borini, licenciada en psicología, al estudiar los efectos psicológicos y psicosociales de la Guerra de Malvinas en los combatientes, a 28 años de la reconquista de las tierras usurpadas por el colonialismo europeo.

En un trabajo de 180 páginas para leer y releer, con encuestas, testimonios emotivos y esclarecedores y modos novedosos de encarar el problema desde distintos ángulos, Borini señala severas responsabilidades de la dictadura y de los posteriores gobiernos democráticos en la desmoralización de los argentinos veteranos de guerra, y no se queda allí.

La obra es un llamado a la reflexión, a la revisión de las conductas de los sectores de poder, provoca a los intelectuales que no se esforzaron en el discernimiento entre dictadores y combatientes de Malvinas; denuncia los riesgos a los que son expuestos los veteranos y aboga por un cambio en el tratamiento del asunto Malvinas, en diálogo con nuestros héroes.

La obra viene al pelo, cuando los argentinos estamos advirtiendo el avance colonizador inusitado de Gran Bretaña y sus aliados de Europa sobre el Atlántico Sur, en pleno Bicentenario.

Irreverencia y apatía. “Las múltiples conductas psicológicas y psicosociales resultantes de pos guerra como la manifestación de un profundo sentimiento de tristeza; la disgregación de las familias, el consumo excesivo de tabaco, alcohol, los juegos de azar y otras adicciones; los trastornos en el sueño y diferentes patologías -ya manifiestas, ya ocultas- en los Veteranos de Malvinas, fueron cimentadas en un primer momento en la irreverente actitud de la dictadura militar y, posteriormente, en la apatía de los gobiernos democráticos después de la guerra”, dice la licenciada Borini en el informe.

Así, los efectos psicológicos y psicosociales de la guerra “tuvieron su más elocuente expresión de sufrimiento en la perpetración de masivos suicidios, en manos de quienes no pudieron ‘combatir’ la tristeza. Las cifras oficiales difundidas por el Estado Nacional mencionan un total de 650 personas muertas en el conflicto bélico. Si las comparamos con los más de 400 suicidios acaecidos después de la guerra, la proporción de ellos alcanza aproximadamente a un 62% de los caídos en combate”, subraya.

Cultura del olvido. “Este escalofriante desenlace no se gesta fortuitamente en el transcurrir de los años, sino por el contrario, resultará del accionar deliberado por parte del Estado nacional que subrepticiamente indujo, promovió e impuso a través de sus ‘modos de producción’ un escenario abandónico y de silenciamiento sobre la guerra y sobre quienes lucharon.

Un Estado que se convirtió en perseguidor y verdugo. Que abandona y culpabiliza, y en consecuencia disgrega, separa y condena al olvido. A través de distintas metodologías -no casualmente semejantes a las que la Dictadura implementó con respecto a la persecución política y desaparición de personas- se implementó ese plan sistemático de silenciamiento sobre quienes combatieron en Malvinas”, denuncia la investigadora.
“El silenciamiento del retorno de las tropas por parte de las Fuerzas Armadas con la complicidad de los medios masivos de comunicación. La desinformación a los familiares. El dar por desaparecidos o muertos a muchos de los combatientes. La prohibición de hablar sobre el hecho dentro de las Fuerzas de pertenencia o en la vida civil. El desconocimiento y la desvalorización hacia quienes lucharon, son algunos de los tantos motivos que estructuraron la cultura del olvido”.

Para Rosana Borini esa cultura del olvido que no reivindica a quienes ofrendaron y arriesgaron su vida por la Patria, cobra mayor relevancia en sus protagonistas si comparan las políticas del Estado Nacional con las de otros países, donde los que luchan “son considerados y asistidos en función de la significación cualitativa que cobra esa realidad, más allá, de su pertenencia o no a las Fuerzas Armadas”.

Prisioneros de la tristeza.
“En ese escenario no solamente está el Estado como responsable principal. De la misma manera o de modos muy semejantes, múltiples sectores sociales acompañarán ese discurso hegemónico que se materializa en la mirada abúlica y el desprecio para con quienes combatieron; fenómeno que retorna una y otra vez del pasado, corporizado en lo que más tarde o más temprano se denominó desmalvinización”.

Y continúa la licenciada Borini en su tesis de graduación en la Universidad Autónoma de Entre Ríos, dirigida por Ana P. de Quiroga y Gloria Tarulli: “el combatiente devino como sujeto no sano. Atrapado, sumergido y prisionero de la tristeza que le provocó la no resolución de la experiencia traumática bélica, pero esencialmente, de sus posteriores desenlaces”.

Luego recuerda una frase de Pichon Rivière: “Quien se entrega a la tristeza renuncia a la plenitud de la vida”, y señala: “es en esa tristeza donde hay que indagar para desentrañar el fenómeno desmalvinizador que, como una herida anómala, deforma la palabra enmudecida de la verdadera historia. Desmalvinización que ciega el encuentro definitivo con la justicia como único camino reparatorio”.

Otro camino es posible. La autora se extiende sobre las consecuencias de las políticas de estado que tanto daño causaron, desde su óptica, en los veteranos de guerra y sus familiares; recurre a diversas posiciones de la sociología y de las culturas americanas (en particular la guaraní) para entender el fenómeno de tristeza, previo al suicidio, e indica otras actitudes posibles ante este fenómeno (Debemos decir que la traspolación que hace Borini entre ciertos aspectos de la cosmogonía guaraní –sobre estudios de Enrique Pichon Riviére- y la situación de los veteranos resulta un capítulo de lo más llamativo y exigiría mucho espacio para desarrollarlo).

“La elaboración de técnicas formativas para las nuevas generaciones de jóvenes y niños en los ámbitos escolares o universitarios llevados a cabo por los Veteranos. La generación constante de proyectos destinados a ‘malvinizar’ a través de distintas organizaciones civiles, sobre todo aquellas que hacen a las expresiones artísticas, culturales. Todo ello, forma parte o se constituye en muestras eficaces de un proceso de cambio y recreación necesario en busca de la reparación histórica y social para con quienes lucharon, y para con la Nación misma”, sostiene la estudiosa.

Puestos al nivel de los dictadores.
Reunir los males de la dictadura con la conducta de los héroes de Malvinas en la misma bolsa provocó en los veteranos una sensación de privación y pérdida de identidad.

Una frase rescatada por Rosana Borini, de un veterano internado en un psiquiátrico, lo expresa bien. “Yo combatí en Malvinas y fui un héroe. Nadie me lo perdona”.

Allí la estudiosa se basa en varios autores para señalar cómo algunos veteranos que no encontraron reparación cayeron en una tristeza desgarradora, en un conflicto psíquico agudo, y en una ansiedad extrema que los llevó a matar la fuente de esa ansiedad que veían en sí mismos.

“He aquí el destino de los hombres, de los combatientes. Destino de aquellos que se ‘desvincularon’ del pueblo argentino como autores materiales de la pérdida de lo amado; la representación de la Patria, la libertad y porqué no, los ideales compartidos. He aquí el castigo final ‘la segregación y el aislamiento’. Qué más aislamiento y segregación entonces que la propia autodestrucción materializada en la muerte misma”.

“Nos borraron de un plumazo”
El estudio hecho en Paraná es largo, y tiene expresiones de los propios veteranos que llaman a la reflexión.
“El gobierno del Dr. Alfonsín –dice un combatiente- metió en la misma bolsa la represión ilegal, el terrorismo de Estado ejercido por la dictadura militar del proceso, con el evento de Malvinas y con los combatientes. Llegó a definir que el 2 de abril empezó como carro de gloria pero en realidad había sido un carro atmosférico. Y nos metió en ese carro atmosférico a los que habíamos peleado”.

“Empezó la desmalvinización planificada –continúa el soldado-, con películas como ‘Los chicos de la guerra’ financiada por el Estado. Intelectuales que estaban en diversos medios, cátedras, detentaban la titularidad del canal 7, productores periodísticos, etc., no faltaba en ese momento quien quisiera hacer puntos hablando mal de Malvinas, de la gesta de Malvinas… Esa desmalvinización fue interpretada por los políticos, dirigentes e intelectuales argentinos como que no había que hablar más o había que reducirlo nada más que a un tema de la dictadura militar… Nos borraron de un plumazo a los que habíamos peleado, a las madres que habían perdido sus hijos; comenzó la desmalvinización profunda”.
Para los soldados y militares consultados por Borini, el proceso de desmalvinización no ha sido frenado y menos revertido.

Héroes, pero culpables.
El estudio contiene testimonios esclarecedores, grabados por la estudiosa Rosana Borini en diálogo con veteranos de guerra.
“Yo creo que a nosotros nos hicieron sentir culpables, inútiles, parias, derrotados, inservibles”, dice un veterano. “Ese fue el primer sentimiento. Cuando nos dijeron que todo había terminado, es como que nos dijeron: ¡Bueno, ocúpense de sus cosas y déjense de joder!, porque perdieron y son unos inútiles.

Este fue el primer sentimiento y eso creo yo, que fue lo que produjo las consecuencias nefastas”. Debían sentirse culpables y callar. “El sometimiento a la norma de silencio engendrada desde el Estado –apunta Borini, luego reproducida en el ámbito familiar y más tarde por amplios sectores de los estamentos civiles de la población, progresivamente llevó al aislamiento de quienes habían luchado en la guerra. Autorecluidos y excluidos de los grupos de pertenencia, quienes habían participado de la instancia bélica se situaron y fueron situados en el campo de la culpa”.

Y todo en un marco de desmalvinización. “Esa administración del castigo se vivenció a través del discurso hegemónico y el olvido impuesto por la última Junta militar. Los posteriores gobiernos democráticos y amplios sectores (intelectuales, académicos, políticos, etc.) de la sociedad argentina -especialmente los medios de difusión masiva-, no solamente dieron continuidad al mandato de silencio, sino también denostaron el acto de recuperación del territorio usurpado; desvalorizando la heroicidad de quienes combatieron y condenando en nominaciones ‘póstumas’ como ex combatientes, chicos de la guerra, loquitos, etc. a los veteranos en su conjunto, sin diferenciar a la dictadura militar del acontecimiento Malvinas y a sus combatientes de aquella”.

FUENTE: “Descubriendo Entre Ríos”. Razones de la tristeza de los veteranos de guerra. Daniel Tirso Fiorotto / De la redacción de UNO

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